Y que nos espera a finales de nuestros días o mejor aún cuando estas somnoliento yaciente en tu cama a punto de abrir un ojo saliendo tanto de un sueño interesante, o peor aun saliendo del sueño del que no querías despertar ya que todo era perfecto. Dios ya abriste los ojos pero él rehúsa a despertar pero…. ¡Maldición! Por la ventana se entromete un maldito rayo de sol pero no le interesa usa la astucia que le caracteriza se mueve para el lado fresco de la cama y asunto arreglado… ¿ves que fácil es? Una vez más Roberto ha ganado de pronto se abren las cortinas, y escuchas una voz: Levántate vago que hoy tenemos que ir al hospital. Tu papa no anda bien y lo sabes, así que anda cambiándote de una vez, lávate los dientes, arregla este cuarto de porquería, aféitate para algo tienes que servir. Roberto pero que espesa eres gorda de… ¿Qué hora es? ¿Qué son las nueve de la mañana? Pero como se te ocurre levantarme a esta hora, que ¿acaso los hospitales tan abiertos a esta hora? La voz femenina enfática: claro pues bestia y acaso crees que todos son zánganos como tú, ya de una vez si no te echo agua fría como la vez pasada.
Me visto con lo primero que encuentro, un polo rojo que con las lavadas se asemeja al rosado, un jean negro y las zapatillas peloteras, me miro en el espejo y me sorprendo de la apariencia que presento, no reconozco al individuo que esta frente mío y si es que en algún momento lo haya hecho, pálido, flaco, ojeroso, con la novedad de tener tres pelitos nuevos en la barbilla. Al salir del baño la gorda (mi hermana) me recrimina lo pordiosero que se me ve con ese atuendo, luego de escuchar miles de halagos hacia mi vestuario casual, nos recogió el señor Pancho conocido en el barrio y hombre de confianza, trabaja como taxista pero al ser muy amigo de mi padre y también preocupado por su salud obviamente no nos cobro la carrera. Estábamos mi madre y mis tres hermanos: Verónica, Joseph de quince años y Julia de diez a ver los resultados de la operación de papa, no se mucho del éxito que tuvo esta, realmente me llevo mal con mi padre, aunque es buen tipo el viejo: humilde, trabajador, honrado, cariñoso aunque un renegón de primera se ha portado bien con nosotros. Nuestra relación es de gatos y perros, el esta chapado a la antigua poniendo sus reglas autoritarias en la casa, fielmente seguidor de la coyuntura política del país y de la democracia en cambio yo un partidario acérrimo del socialismo pues obviamente hay una coalición de ideas hasta con decir que en el futbol también somos rivales y es la verdad escogí ser fanático de la U para poder darle la contra. . Hoy el sol quema con más intensidad que otros días y detesto eso. Y no es que odie el sol, más bien amo las épocas de verano, paseos a la playa con mis amigos, chupetas y fiestas interminables y sobre todo la playa y bueno no me quejo de la poca ropa que llevan las mujeres también, al final los ojos tan para mirar y uno no puede perder el tiempo ¡He dicho!
Ya en los pasadizos del Hospital aburrido, me pregunto cómo es que los médicos pueden trabajar en un sitio tan penoso, miras a la gente, puras caras largas, serios, ningún comentario ameno, al menos los niños que andan corriendo de aquí a allá le dan algo de vida a este lúgubre lugar. ¿Por qué no piensan en poner algo para entretener en la sala de espera? Pues es desesperante estar aquí, odio los hospitales, sobre todo cuando de pequeño me traían a ponerme inyecciones, media hora a mas se demoraban para que al final me la apliquen pero que ¿Seré un perro para que me pongan tantas? Si yo fuera el director del hospital pondría no sé un karaoke, cabinas de internet, algo con que despejarse la mente en vez de escuchar el silencio a cementerio. ¿Y así como la gente no se va a morir? Y hasta que por fin llego el turno, acompáñame Roberto dijo mi madre, generalmente no le hago caso pero en esta ocasión fue diferente, tuve una sensación extraña de tener que entrar en aquel cuarto. La cara del doctor no era nada alentadora, nos recibió con un frio saludo y nos invito a tomar asiento.
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